Voces de las Diversidades Ancestrales en el cine

En toda Abya Yala, creadores audiovisuales indígenas exploran la disidencia sexual y el deseo en sus obras, impulsando conversaciones en torno a la producción cultural en sus propios términos.

Un encuentro de Tejedoras de la Imagen con Ángela Cruz en Bogotá, Colombia, en 2024. (Ange Cayuman)


Este artículo fue publicado en inglés en la edición de primavera de 2025 de nuestra revista trimestal NACLA Report.


Rosalía: Te fuiste muchos años

Lupe: Sí, ahora regreso porque no me hallo, estoy muerta desde que me fui

Rosalía: ¿Y para qué volviste?

Lupe: Para que me contestes lo que te pregunté en mi carta

Rosalía: Éramos muy chamacas

Lupe: Mi carta todavía vale

Rosalía: Confundiste las cosas, está mal

Lupe: No está mal y tú lo sabes.

-Cortometraje La Carta de Ángeles Cruz

En el cortometraje “La Carta” de Ángeles Cruz, estrenado en 2014 en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, Lupe (Sonia Couoh) regresa a su comunidad oaxaqueña tras muchos años afuera. En la casa de su amiga de infancia Rosalía (Myriam Bravo), mientras toman un café, se desarrolla una conversación tensa de reencuentro (epígrafe arriba). Vuelve el amor entre las dos y terminan en la cama, pero después Rosalía le pide a Lupe que se vaya. Lupe, rechazada tanto por su familia como por su amiga, se va de la comunidad cuando de repente Rosalía, sonriente, sube al mismo bus con una respuesta a la pregunta de la carta: sí, quiere ser la novia de Lupe.

Según Cruz, cineasta, guionista, productora y actriz mixteca, “La Carta” fue inspirada por una conversación de la que fue parte en su pueblo. “Estábamos platicando un día entre familia, en una cena, y salió el tema que un chavo cuando toma unas copas comienza a besar a otros chavos, y yo digo ‘¿es gay o qué?’ y la gente ‘bueno… no sé’”, compartió Cruz en una entrevista que me dio en 2019 para el medio digital YeneRevista. “Y digo, ‘bueno, también hay mujeres así’, y se empiezan a reír y dicen ‘¿cómo?, eso no existe’, y yo digo ‘¿cómo que no existe? si dos hombres pueden besarse y amarse por qué dos mujeres no podrían besarse y amarse, ¿cuál es el problema?’”. Filmado en la comunidad de Villa Guadalupe Victoria, en la Mixteca alta, Oaxaca, con la participación de actrices y actores locales, el cortometraje funciona como una respuesta material ante la negación de la posibilidad de otra representación de los vínculos entre mujeres de la comunidad.

“La Carta” encarna lo que yo denomino las Diversidades Ancestrales. Desde mi oficio como curador, he programado películas en festivales y muestras de cine, en escuelas, comunidades, plazas y canchas deportivas, orillas de mar y lagos e instancias virtuales, siempre con una conversación en torno a la proyección. Estas experiencias me han permitido conocer la recepción y las discusiones que surgen con el visionado de producciones con temáticas de pueblos originarios, entre ellas de disidencias sexuales indígenas. Luego de años de notas en cuadernos, entrevistas publicadas, fotos y videos almacenados, me permito imaginar un movimiento audiovisual, a partir del trabajo de cineastas y artistas contemporáneos indígenas, cada vez más, que producen representaciones en voz propia sobre Diversidades Ancestrales.

Una intuición y un deseo antiguo me han conducido hacia la indagación y el involucramiento con y desde la autorrepresentación de las Diversidades Ancestrales. Este proceso ha sido una búsqueda de un lof/comunidad de la diáspora, integrado por personas que no tenemos nada más y nada menos en común que ser parte de algún pueblo originario, ubicarnos fuera de la norma sexo-genérica dominante y trabajar desde las artes audiovisuales.

Llitun: Inicio de las Diversidades Ancestrales

En mi indagación, el concepto Diversidades Ancestrales es un nombre que surge públicamente y de manera formal en 2013 desde activistas que presentaron ante la Organización de Estados Americanos un informe sobre “la situación de derechos de las personas auto identificadas como indígenas y que tienen diversa orientación sexual e identidad de género, a lo largo y ancho de Abya Yala”. Agradezco al productor y director de cine Wayuu David Hernández que me compartió la existencia de este material.

De particular interés por su sintonía con el tono de este trabajo, la dedicatoria de este informe sobre Diversidades Ancestrales reza: 

A Chuqui Chinchay, divinidad protectora y guarda de los indios hermafroditas y de dos naturas. A los indígenas con diversidad sexual y genérica ancestral que murieron asesinados impunemente a lo largo del periodo colonial y republicano de Abya Yala y cuyos herederos de estas identidades ancestrales en la actualidad son ocultados, negados y discriminados. A Toro Sentado, Caballo Loco, Nube Roja, We’wha y otros indígenas de la resistencia que aún hoy luchan por la libertad más allá de su reserva indígena.

El mismo año que salió este informe, Cruz comenzó a escribir “La Carta”.

También en 2013, la artista visual mapuche Seba Calfuqueo realizó su primera obra artística “You will never be a weye/Tú nunca serás un weye”. La performance, grabada posteriormente como video registro de performance, se presentó públicamente por primera vez en la Galería Metropolitana de Chile con la curaduría de Maríairis Flores en 2015. La obra presenta el cruce del relato de la colonización europea en Abya Yala, a través de la historia de los machi weye, que en el mundo antiguo mapuche eran chamanes que salían de las normas del género que hoy damos por verdaderas. Calfuqueo entra a cuadro solo con ropa interior. A lo largo de los casi cinco minutos de duración del video se va colocando prendas tradicionales de mujer mapuche, que en realidad son ropas que venden como disfraz, joyas de lata y una peluca sintética compradas en el barrio Meiggs de Santiago, espacio profuso de comercio ambulante en la capital. La voz en off de Calfuqueo empieza: “Mi abuela decía: ‘En la cultura mapuche no hay maricones’, cuando un sobrino travesti quiso conocerla, y no se imaginaba que tendría unos nietos maricones en su familia patriarcal”.

La performance se basa en la crónica Cautiverio feliz de 1673 en la que el español Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán presenta a los machi weye como sujetos “nefandos… por acomodarse al oficio de mujeres”. El registro de Pineda y las palabras de la abuela de Calfuqueo pretenden la negación de la homosexualidad mapuche, ya sea por repugnante o por inexistente. Lo que consigue la artista es presentar estos archivos como evidencia inefable de la existencia de formas no hegemónicas de la sexualidad donde no necesariamente se constituye identidad, o por lo menos no solo se construye ésta en relación al sistema sexo-género.

En una conversación que tuvimos en 2021 junto a Cruz y la artista visual y de performance mapuche Neyen Pailamilla para preparar un conversatorio sobre las diversidades ancestrales, Calfuqueo compartió: “Es importante reconocer que antes de la colonización nuestros cuerpos no se adecuaban precisamente a lo femenino y lo masculino solamente. Han existido otras experiencias de lo que hoy llaman género, esa misma categoría es contemporánea. No es una categoría que nosotros podemos aplicar directamente hacia la comunidad mapuche. Esas ideas coloniales se impusieron desde creencias europeas que nos hicieron aprender con la supresión de nuestra lengua”.

A diez años de la creación del cortometraje “La Carta” y del video performance “You will never be a weye/Tú nunca serás un weye”, es posible observar un recorrido de programación de ambas obras que no ha cesado y que son parte de programas que cada vez incluyen más trabajos audiovisuales y cinematográficos de Diversidades Ancestrales. En el caso de “La Carta”, en 2022 Cruz me compartió que notaba un nuevo ciclo de programación del cortometraje, que se lo estaban solicitando con nueva regularidad. Esta película ha producido gran impacto; como dato ejemplificador, en 2023 fue la película más vista en “Nuestro Cine MX”, la plataforma de streaming del Instituto Mexicano de Cinematografía.

Similar acontece con el video de Calfuqueo que continúa siendo presentado en diversos espacios de exhibición, siendo la última ocasión a esta fecha, en abril de 2024 en la 60ª Exposición de Arte Internacional de la Bienal de Venecia. Contrario a lo que se puede pensar en relación a que serían trabajos audiovisuales “de nicho”, la constatación de esta circulación puede provocarnos pensar que son temáticas que despiertan un interés creciente y en un público amplio. En efecto, en los últimos años el concepto de Diversidades Ancestrales ha sido apropiado por festivales y muestras de cine indígenas y por colectivos, activistas y artistas, y, en mi sentir, se mantiene el espíritu de invocación a la memoria de una genealogía propia de disidencias indígenas.

Nütramkawün: Las conversaciones

Realizo programación de cine desde hace seis años en muestras y festivales como Ficwallmapu, el Festival Internacional de Cine y las Artes Indígenas en Wallmapu; Daupará, la Muestra de Cine y Video Indígena; el Festival de Cine Transfeminista y otros. Con entusiasmo constato el creciente número de películas de Diversidades Ancestrales que se producen cada año, pues existe una deuda de autorrepresentación de estos temas desde las producciones indígenas. En muchas ocasiones me invitan a visionar estos trabajos antes de sus estrenos y he tenido la posibilidad de realizar presentaciones y mediaciones de estas obras y entrevistas a les realizadorxs. Así es que propongo un nutramkawün, que en idioma mapudungun es una conversación profunda, con las voces de les artistas con quienes he dialogado en estos años para reflexionar sobre los contextos de producción, las motivaciones y las decisiones artístico-políticas en torno a sus obras.

Presentación de la exposición Diversidades Ancestrales Tüfachi purun inchiñ ngealu/Este baile es para nosotros en la Exposición Daupará en Bogotá, Colombia en octubre 2022. (Laura Rave Escalante)

Estos procesos presentan la imbricación de la propia pertenencia a comunidades indígenas y la complejidad para quienes somos parte de pueblos originarios y de las diversidades ancestrales, algo que les realizadoras/es tienen muy presente. A veces, implica situaciones como el sexilio, que se refiere a la migración por motivos de discriminación u otras violencias por causa de la propia orientación sexual o identidad de género —una realidad que Cruz relata en “La Carta” a través de la historia de Lupe—. Este tema también se trata de manera directa en el cortometraje documental “Sexilio”, del realizador Embera Ysaí Muñoz Bueno, que se estrenó en 2019. La obra cuenta la historia de Geraldine, una mujer trans Êberâ Chamí que hace años atrás fue exiliada de su comunidad por su identidad sexual. En las palabras de la sinopsis de la película, “Geraldine quiere poner fin a este ‘sexilio’ y regresar a su comunidad siendo quien ella realmente es”.

Podemos ver en la película a una joven en medio de una reunión con su comunidad a quienes ella ha citado para explicarles su proceso. En este encuentro, una mujer toma la palabra para señalar que conoció a Geraldine como hombre y que para ella lo seguirá siendo. La cámara se gira sobre la protagonista quien viste un impecable vestido negro y zapatos de tacos altos, con un lápiz marcador en la mano. Les dice: “Quiero ser reconocida en esta comunidad como indígena, por ser indígena trans”. Podemos apreciar una rica intimidad de los procesos comunitarios, el valor de exponer públicamente las diferencias lejos de romanticismos sobre lo comunitario y el hecho de que podría existir acuerdo, discusión, y como sucede con la compañera, tener que escuchar palabras dolorosas. Sin embargo, acá el realizador posiciona su mirada, cerrando la escena con las palabras de determinación de Geraldine. 

“En el pueblo Embera Chamí”, señala Muñoz Bueno, “creo que las mujeres trans han sufrido mucho destierro, mucha discriminación, mucho señalamiento, incluso en los propios territorios de nuestros pueblos. La población trans se ha visto desterrada de su propio territorio y yo creo que es muy complejo que uno se sienta así, desterrado del espacio donde uno se debería sentir amado, acogido”.

Así como algunes como Geraldine quieren ser reconocides con identidades diversas, en otras experiencias este uso de etiquetas es complejo. La joven cineasta Olowaili Green del pueblo Guna Dule señala cómo las categorías occidentales pueden sentirse de manera violenta. “Casi nunca me gusta decir que yo soy lesbiana porque realmente esa palabra me parece fea, me parece maluca”, comparta Green, quien es miembro de Tejedoras de la Imagen, un colectivo integrado por mujeres de diversos pueblos originarios de Colombia y ligadas a la comunicación y a la realización audiovisual. “Yo entendí que realmente lo que pasa es que yo no me sentía representada con ese término, con esa identidad y cuando yo llegué acá, a Tejedoras de la Imagen, le conté a las chicas lo que yo vivía y les pregunté ‘¿ustedes sienten bien cuando a ustedes les dicen que son lesbianas?’ y todas me dijeron que no”.

Según creo, esta incomodidad, compartida con las chicas del Colectivo Tejedoras de la Imagen, está relacionada con la alta valoración de la pertenencia indígena de les realizadorxs y su interés por imbricar los diversos ámbitos de la identidad, sin asumir la identidad de la occidentalidad moderna de manera única. Incluso en “Sexilio,” donde la protagonista explica a su comunidad lo que significa ser trans, hace un hincapié en que es indígena trans.

A inicios de 2021 escuché una conversación con la cineasta purépecha Celina Manuel, en el podcast Canto de Cenzontles. Llamó mi atención que la entrevistadora dijera que el cortometraje de Manuel, “La Espera”, era “una historia bastante común”. Señala la sinopsis: “Yazmín y Zenaida, nuera y suegra, viven en una comunidad purépecha, esperando la llegada de sus maridos; tiempo que develará posibilidades infinitas”. Entre estas posibilidades se presenta la relación de pareja de ambas. Me comuniqué con Manuel y concertamos una entrevista en el marco del estreno de este trabajo en el Festival Internacional de Cine de Morelia, México, ese año. Me comentó que quiso abordar una realidad que se vivía en su comunidad, de esas cosas que se saben, pero no se comentan.

En el proceso de grabar de “La Espera”, Manuel me comentó, “surgió una discusión muy muy interesante porque entre la gente de la comunidad se conocía el proyecto”. Cuenta que se empezaba a decir “Ay, pero esto no pasa”, “bueno, a mí me contaron que en la comunidad de al lado” y “sí en la comunidad de al lado”. Manuel concluye, “Entonces, o sea sí, es algo que pasa, pero como que no se acepta tal cual… también incluso cuando le di a leer el guion a mi cuñada. Me dijo ‘Ah, no manches es como la pareja de Janitzio que ahí sí hay una pareja que es la suegra con la nuera’”. Es decir, se trata de ubicar “lo diferente” en la comunidad “de al lado”, no dentro de la propia comunidad o territorio.

La percepción de la existencia de las Diversidades Ancestrales es un tema difícil de conversar en muchos espacios familiares-comunitarios, según les realizadorxs. Una de las razones de esta complejidad se relaciona con los procesos coloniales. Para Green, la colonia “es una enfermedad y que la trajeron los europeos” que sigue presente en las comunidades. “Eso lo sigue pensando mi abuelo”, relata. Por otro lado, la estudiante de cine y audiovisuales del pueblo Arhuaco Aty Senén, otra integrante de la Colectiva Tejedoras de la Imagen, me comentó en Bogotá en 2022 con motivo la realización de la importante Muestra de Cine y Video Indígena Daupará, “Digamos que hablar de la diversidad de las comunidades es bastante complicado porque no se ve de esa manera, aunque haya existido desde hace mucho tiempo. Está arraigada la historia de que siempre ha existido solo el hombre y la mujer, pero no se ha visto la diversidad”. Los procesos de colonización han buscado negar nuestra historia y el ámbito de la sexualidad, y la corporalidad diversa no escapa a este intento de borrado.

Esta situación de colonización no ha terminado. En el caso mapuche, por ejemplo, hay consenso en nuestra mirada al señalar que es la conformación del estado-nación lo que produjo el despojo en todos los ámbitos de la sociedad. Ante esto, la artista mapuche Pailamilla reflexiona:

Existe una importancia política de mostrar nuestros deseos como corporalidades mapuche o indígenas, porque hay enormes prejuicios sobre nuestros cuerpos, como todas estas etiquetas que el Estado lanza sobre el pueblo mapuche, luego existe esta exotización. Pareciera que estos cuerpos no desean, no tiene deseos por otres, no tiene una sensibilidad sexoafectiva. Entonces, estos cuerpos al develar su deseo, su erotismo también es un poco fuerte para esa hegemonía, yo creo que es una frontera muy interesante de habitar.

Así, cineastas y artistas van tomando decisiones político-artísticas en el campo del hacer. No existe una resignación, sino una comprensión de los procesos histórico-culturales y un involucramiento, pues elles son parte de estas comunidades, no miran desde una vereda externa.

Según Manuel, este proceso implica “ir desenterrando esta falsa idea de que no ha habido disidencias en la comunidad”. Con una compañera indígena trans, trabaja para recuperar referentes de disidencias. “En varias comunidades existe esto de mariquita kandi que es una festividad donde un grupo de hombres se visten con el traje de mujer y la mayoría, pues tienden a ser disidencias”, explica. “Ha existido en las tradiciones estas narrativas que rompen con lo heterosexual, es muy importante para decir aquí estamos”.

¿Quién cuenta la historia? En las luchas por la comunicación de los pueblos originarios en las últimas décadas, el tema de las diversidades ancestrales y su autorrepresentación no queda fuera de este registro. En esta voz propia, Green toma posición en relación a la pregunta: “Para mí es muy importante que si las historias son de dos parejas de hombres o de mujeres o parejas diversas, que sean contadas por personas que seamos diversas porque si no seguiríamos replicando lo que a nosotros nos ofende como pueblos indígenas y es que venga un blanco antropólogo o historiador a contar historias nuestras sin que ellos pertenezcan al territorio”.

Trawün: Encuentros, espacios y diálogos colectivos

David Hernández señala que en 2018, en Guatemala, se realizó, en el contexto del Festival de Clacpi, la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas, una muestra de cine y panel de conversación sobre las diversidades sexuales indígenas. En esa ocasión se presentó el cortometraje “El destetado” de Héctor Silva Núñez, estrenado el mismo año. Esta película de ficción presenta la situación de Jairo, un joven wayuu que nació sin pezones y que se enfrenta a los desafíos en relación a la identidad, la pertenencia a su comunidad y sus procesos vitales contemporáneos. A mi parecer es decidor que esta primera película que se presenta junto a un espacio de conversación sobre Diversidades Ancestrales sea una película que presenta una situación conflictiva en torno a un varón que no tiene pezones, es decir, a situaciones de la corporalidad que no implican, necesariamente, identidades asociadas solo a lo sexo-genérico. Se relaciona con el sexilio, el retorno y las complejidades de portar diferencias corporales en las sociedades que habitamos.

En 2019 Ficwallmapu trabajó como tema del año las Diversidades Ancestrales, generando un bloque temático sobre este tema. En 2021, Daupará en Colombia generó una muestra también dedicada a las Diversidades Ancestrales. En esa ocasión presenté por primera vez la muestra audiovisual mapuche “Tüfachi purun inchiñ ngealu/Esta danza es por nosotrxs”, compuesta por seis trabajos de artistas mapuche de las diversidades/disidencias sexuales. En 2023 se crea la Colectiva Tejedoras de la Imagen, dedicada según su cuenta de Instagram a la realización de cine con “diversas miradas de género y sexualidad desde nuestras ancestralidades”. Esta conjunción de creadoras jóvenes en movimiento ha impulsado encuentros formativos y muestras de cine, y en la actualidad trabajan en un cortometraje sobre Diversidades Ancestrales.

La generosidad de las conversaciones íntimas expuestas en este texto permite observar muchas complejidades. Se puede pensar que hay homofobia o violencias, pero es de justicia mirar que si bien, existen dificultades en relación a las Diversidades Ancestrales en las comunidades, también existe apoyo y convicción. La realización de festivales y muestras de esta temática es un claro ejemplo de esto, que son posibles por el movimiento de organizaciones, colectivos e individualidades. A veces las mismas comunidades donde alguien dice “la homosexualidad de las mujeres no existe” han sido parte de las películas que retratan esta experiencia como, el caso de “La Carta”.

Así como lo han señalado insistentemente les realizadorxs, la autorrepresentación es un valor y se enmarca en los procesos de luchas de los pueblos originarios. Cada año se crean obras audiovisuales de Diversidades Ancestrales y se suman a nuestro archivo de artes indígenas contemporáneas. Cada obra es un yewün/regalo para todes, especialmente para las niñeces, que puedan verse, reconocerse y diferenciarse en sus espacios vitales, que tengan referentes en todos los ámbitos, incluidas las artes audiovisuales. Si he pensado este un nosotres, es sabiendo que negociamos constantemente quiénes somos con acuerdos y desacuerdos y con la flexibilidad de los cercos que se corren, si es necesario. David Hernández me compartió algo que leyó en una red social, a propósito de estas conversaciones “podemos reivindicar que somos una fuerza”.

Imagen fija de la película Wüfko de Neyen Pailamilla. (Neyen Pailamilla)

Para finalizar, quisiera recomendar el video “Wüfko”, que en lengua mapuche quiere decir manantial de agua, de la artista visual y de performance Neyen Pailamilla. Este trabajo fue realizado en la residencia artística Territorios en Tensión de FicWallmapu en 2019, cuya convocatoria llamaba a trabajar un proyecto sobre Diversidades Ancestrales. Lo he programado muchas veces, pues expresa, con una sensibilidad artística tremenda, los elementos que componen el conocimiento profundo mapuche y su imbricación con las sexualidades no hegemónicas.

Esta obra retrata el encuentro de la artista con el territorio mapuche de Challupen en los bordes del lago Calafquen y con la poeta Gabriela Llanquinao. Los elementos naturales son una extensión del cuerpo de Pailamilla que surge desde las aguas y desde el bosque, confundiéndose con los troncos de los altos hualles y arrayanes desde un suelo cubierto de sus hojas desde tiempos ancestrales.

Es la lamngen, hermana, poeta, quien conduce el relato que comienza: “El sueño era ñaña que yo estaba observando a unas ñañas, a unas mujeres, no me acuerdo si eran dos o tres, y estaban masturbando a una de ellas…” Así se adentra en un elemento de gran relevancia en la cultura de nuestro pueblo: el sueño. En él, la sexualidad femenina aparece vinculada a lo colectivo, al aprendizaje sobre las corporalidades y las sensaciones y cómo estás se relacionan con el territorio que habitan.

Es un sueño que expresa los mundos que nos atraviesan; un relato en los propios términos del territorio que se habita, del pueblo al que se pertenece y con las formas artísticas contemporáneas que mantienen viva la continuidad del arte mapuche. Esta propuesta situada de Pailamilla me hace recordar las palabras de Ángeles Cruz: “Siento que el retrato que han hecho de nosotras como personas de comunidades ancestrales ha quedado reducido por estereotipos lamentables. Somos un gran abanico, somos un tejido inmenso y es importante escribir nuestras propias historias, crear nuestros propios referentes, mostrarnos en toda la complejidad que somos”.


Ange Cayuman es escritor, periodista y audiovisualista trans mapuche. Realiza programación, mediación de cine y curadurías audiovisuales en Argentina, Chile, Colombia y México. Investiga la diáspora de pueblos originarios, archivos audiovisuales indígenas y las autorrepresentaciones de las diversidades ancestrales. Integra el Colectivo Rangiñtulewfü.

Agradecimientos:

Ángeles Cruz, Aty Senen, Celina Manuel, David Hernández, Ysai Muñoz, Neyen Pailamilla, Olowaili Green, Seba Calfuqueo, piwkenieymün, les llevo en el corazón.